Entonces es cuando piensas que eres esa persona que podría cambiarlo todo. Cambiarle para siempre. Cambiar su forma de hablar, de relacionarse, de actuar, de pensar... e incluso su forma de andar. Hacer que él mismo se dé cuenta de que el camino que sigue no es el correcto y que de un momento a otro se puede topar con un tronco atravesando la carretera...
...un inmenso tronco de árbol que no le deje avanzar por la fuerza. Vaya tarea, mover un tronco sin utilizar la fuerza. Sin recurrir a la manera rápida y sencilla de solucionar las cosas, la que usa siempre.
Tendría que enfrentarse al tronco. Nunca antes lo había hecho; no al menos con un tronco así de grande, que ocupa todo el ancho del camino y cuya altura le llega por la barbilla. Y le da la sensación de que cada vez crece más. ¡No! Debe impedir que eso ocurra; si el tronco aumenta su tamaño, las posibilidades de escapar serán cada vez menos (claro). Pero como el tronco hace lo que le sale de sus santas narices no se va a mover, y por supuesto tampoco va a permitir ser ignorado. El tronco es más duro que él y él lo sabe.
¿Has dicho que tendría que enfrentarse al tronco? Claro. Pero, ¿cómo? Parece que habita dentro de él, y que crece en su interior y que un día van a explotar juntos. ¿Explotar? ¿Habría que dejar que eso pasara? No, en absoluto. La explosión produciría una lluvia de astillas que se clavarían en la mente del público que espera al otro lado del tronco, a ver qué hace él. Y una lluvia de astillas sería muy patético, ¿verdad? No quedaría nada de su antiguo yo, sólo el recuerdo. Y las astillas se encargarían de hacer que su nuevo (y humillante, estúpido y humano -esto último él no lo sabe-) yo perdurara para siempre.
¿Qué pasó al final?
Él prefirió avanzar a quedarse atascado para siempre. La primera opción le costaría su reputación, pero la segunda le costaría la vida; o bueno, la cordura al menos.
Así que razona con el tronco y le promete que hará lo correcto.
Y una leche va a cumplir su promesa. ¿Qué le puede hacer el tronco ahora que le ha dejado atrás? Nada.
Pero resulta que ahora el camino es diferente... si antes el suelo de arena rojiza y piedras acosadoras dominaban el paisaje, ahora la ruta es verde. Si al principio tenía que soportar el calor abrasador (al que ya se había acostumbrado, e incluso le gustaba), ahora respira aire puro. Oye risas, quejas y críticas (muchas críticas), pero ese aire huele tan bien que ocupa todo su ser, como aquella lejana vez hizo el tronco; la diferencia es que antes, si él y el tronco explotaban salían astillas. Ahora, si los que estallan son él y el aire, bueno...
... en ese caso, ¿qué importa?
©
acidgum /
paaulamc.
¿Has visto? Al final no era una persona el que le iba a cambiar, era un tronco.
Ahora tan sólo hay que sembrar las semillas...